Acción de Gracias
Hace casi cuatrocientos años, los Peregrinos lucharon por labrarse una nueva vida en las adustas tierras de
Nueva Inglaterra. Tras su primera cosecha fructífera, los primeros
norteamericanos celebraron una gran cena para agradecer su buena suerte.
Hoy, la tradición de Acción de Gracias continúa: de un extremo a otro de
Estados Unidos, familia y amigos se reúnen para dar gracias por las
bendiciones recibidas.
Este verano, Nueva Orleans, una ciudad
donde mantengo vínculos personales, y la costa del Golfo de México se vieron
profundamente afectadas por una gran tragedia. El huracán Katrina causó
estragos en toda la región y destruyó esta importante ciudad de casi medio
millón de habitantes, dejando a incontables muertos y heridos, así como a
cientos de miles de personas sin casa y sin trabajo. El huracán, una de las
peores catástrofes naturales de la historia de Estados Unidos, afectó a un
área del tamaño de Gran Bretaña, convirtió varios estados en zonas
catastróficas y, sólo en Nueva Orleans, dejó tras de sí doce millones de
toneladas de escombros. Más del 80% de la ciudad quedó sumergida en agua y
más de un millón de personas de cuatro estados no pudieron regresar a su
hogar durante meses. Además de la destrucción física, en el caos
inmediatamente posterior al huracán también fuimos testigos de la atroz
incertidumbre de los que habían sido separados de sus seres queridos, del
dolor de los evacuados que lo habían perdido todo y de la angustia por una
situación incontrolable.
Ante estos acontecimientos y a veces
nuestros propios retos personales, resultaría fácil ser pesimista, sin
valorar o recordar las muchas cosas buenas que tenemos. Pero incluso en
esta situación, más allá del primer impacto, podemos encontrar motivos para
dar gracias. Podemos recordar el valor y la determinación de los equipos de
rescate y el heroísmo de ciudadanos anónimos que arriesgaron su vida para
ayudar a otros. Podemos alegranos por cada familia que se pudo reunir, por
cada persona que fue rescatada del agua o de un tejado en Nueva Orleans. Al
mismo tiempo que reconocemos el sufrimiento y el dolor inmediatos de los
evacuados, también nos maravillamos por su indoblegable determinación para
comenzar otra vez y construir de nuevo. Con entereza y firmeza, miles de
personas prometieron regresar a sus ciudades y reconstruir su vida.
Testigos de estos momentos, nos recuerdan la fortaleza del ser humano.
Aunque el proceso de reconstrucción
continúa, tenemos razones para el optimismo sobre la recuperación de la
región, gracias, en gran medida, a la generosidad de la comunidad
internacional. Personalmente, estoy inmensamente agradecido por la
abundancia de solidaridad, compasión y generosidad internacionales en un
momento de gran necesidad para Estados Unidos y, en concreto, para Nueva
Orleáns. Casi cien países y organizaciones internacionales ofrecieron
auxilio a las víctimas del huracán. Las generosas donaciones de material de
emergencia realizadas por España ayudaron a muchas víctimas inmediatamente
después de la catástrofe, y la aportación de reservas de petróleo mitigó el
impacto económico para millones de estadounidenses. Desde las raciones de
alimentos básicos que las víctimas del huracán necesitaban con urgencia
hasta los generadores eléctricos y el material médico, la abrumadora
respuesta del gobierno y del pueblo españoles fue una verdadera bendición
para Estados Unidos. Al ver a los aviones de carga españoles dejar la base
aérea de Torrejón, estaba, y sigo estando, muy sinceramente agradecido por
la sólida amistad entre nuestros países. La comunidad internacional en su
conjunto ha contribuido a hacer posible la alentadora reconstrucción que
estamos viendo hoy, y estoy agradecido por ello.
Están en marcha campañas de ayuda
extraordinarias para reparar, casa por casa y ciudad por ciudad, los daños
causados por el huracán. Es un proceso lento e incierto, pero ya podemos
ver resultados. Gracias a la ayuda federal para la reconstrucción y a
generosas donaciones, se está reconstruyendo Nueva Orleans más rápido de lo
que nadie esperaba. Cada día se reabren más restaurantes y bares y regresan
más familias para recuperar su vida en la ciudad. Espero de verdad poder
volver a sentarme en el Barrio Francés muy pronto a disfrutar de un dónut.
A la par de la reconstrucción de Nueva
Orleáns, en las ciudades pequeñas de la costa del Golfo, los vecinos se
ayudan unos a otros a quitar escombros y reconstruir sus casas. Cada vez se
reabren más colegios, a medida que las familias regresan a la zona y la vida
cotidiana vuelve a la normalidad. En Biloxi, se están reabriendo negocios
que proporcionan empleo a miles de trabajadores; los equipos han quitado más
de setecientos mil metros cúbicos de escombros y sus habitantes disfrutan ya
de los servicios de una ciudad que funciona.
Este día de Acción de Gracias estoy
especialmente agradecido por la reconstrucción de la costa del Golfo y el
futuro prometedor de Nueva Orleáns. Con toda sinceridad, quisiera agradecer
particularmente al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al
Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, al Ministro de
Defensa José Bono, al resto del gobierno español y a las diferentes
comunidades y regiones la ayuda prestada. Mas aún que la ayuda material,
agradezco muy especialmente el apoyo moral y humano que nos brindaron en
esos momentos tan difíciles. Y con la gratitud y el respeto más profundo,
hago extensivos el agradecimiento y el reconocimiento especiales al pueblo
español, por sus muchas cartas, llamadas telefónicas y donaciones personales
en solidaridad con el pueblo estadounidense. Su compasión y generosidad
sinceras en un momento de gran necesidad han sido inmensamente valoradas.
Feliz día de Acción de Gracias a todos.
página del Embajador Aguirre ^