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Misión Diplomática
 


DECLARACION
 
DEL EMBAJADOR DE LOS EE.UU. EN ESPAÑA,
 EDUARDO AGUIRRE
24 de noviembre de 2005

 
Acción de Gracias

Hace casi cuatrocientos años, los Peregrinos lucharon por labrarse una nueva vida en las adustas tierras de Nueva Inglaterra. Tras su primera cosecha fructífera, los primeros norteamericanos celebraron una gran cena para agradecer su buena suerte. Hoy, la tradición de Acción de Gracias continúa: de un extremo a otro de Estados Unidos, familia y amigos se reúnen para dar gracias por las bendiciones recibidas.

Este verano, Nueva Orleans, una ciudad donde mantengo vínculos personales, y la costa del Golfo de México se vieron profundamente afectadas por una gran tragedia. El huracán Katrina causó estragos en toda la región y destruyó esta importante ciudad de casi medio millón de habitantes, dejando a incontables muertos y heridos, así como a cientos de miles de personas sin casa y sin trabajo. El huracán, una de las peores catástrofes naturales de la historia de Estados Unidos, afectó a un área del tamaño de Gran Bretaña, convirtió varios estados en zonas catastróficas y, sólo en Nueva Orleans, dejó tras de sí doce millones de toneladas de escombros. Más del 80% de la ciudad quedó sumergida en agua y más de un millón de personas de cuatro estados no pudieron regresar a su hogar durante meses. Además de la destrucción física, en el caos inmediatamente posterior al huracán también fuimos testigos de la atroz incertidumbre de los que habían sido separados de sus seres queridos, del dolor de los evacuados que lo habían perdido todo y de la angustia por una situación incontrolable.

Ante estos acontecimientos y a veces nuestros propios retos personales, resultaría fácil ser pesimista, sin valorar o recordar las muchas cosas buenas que tenemos. Pero incluso en esta situación, más allá del primer impacto, podemos encontrar motivos para dar gracias. Podemos recordar el valor y la determinación de los equipos de rescate y el heroísmo de ciudadanos anónimos que arriesgaron su vida para ayudar a otros. Podemos alegranos por cada familia que se pudo reunir, por cada persona que fue rescatada del agua o de un tejado en Nueva Orleans. Al mismo tiempo que reconocemos el sufrimiento y el dolor inmediatos de los evacuados, también nos maravillamos por su indoblegable determinación para comenzar otra vez y construir de nuevo. Con entereza y firmeza, miles de personas prometieron regresar a sus ciudades y reconstruir su vida. Testigos de estos momentos, nos recuerdan la fortaleza del ser humano.

Aunque el proceso de reconstrucción continúa, tenemos razones para el optimismo sobre la recuperación de la región, gracias, en gran medida, a la generosidad de la comunidad internacional. Personalmente, estoy inmensamente agradecido por la abundancia de solidaridad, compasión y generosidad internacionales en un momento de gran necesidad para Estados Unidos y, en concreto, para Nueva Orleáns.  Casi cien países y organizaciones internacionales ofrecieron auxilio a las víctimas del huracán. Las generosas donaciones de material de emergencia realizadas por España ayudaron a muchas víctimas inmediatamente después de la catástrofe, y la aportación de reservas de petróleo mitigó el impacto económico para millones de estadounidenses. Desde las raciones de alimentos básicos que las víctimas del huracán necesitaban con urgencia hasta los generadores eléctricos y el material médico, la abrumadora respuesta del gobierno y del pueblo españoles fue una verdadera bendición para Estados Unidos. Al ver a los aviones de carga españoles dejar la base aérea de Torrejón, estaba, y sigo estando, muy sinceramente agradecido por la sólida amistad entre nuestros países. La comunidad internacional en su conjunto ha contribuido a hacer posible la alentadora reconstrucción que estamos viendo hoy, y estoy agradecido por ello.

Están en marcha campañas de ayuda extraordinarias para reparar, casa por casa y ciudad por ciudad, los daños causados por el huracán. Es un proceso lento e incierto, pero ya podemos ver resultados. Gracias a la ayuda federal para la reconstrucción y a generosas donaciones, se está reconstruyendo Nueva Orleans más rápido de lo que nadie esperaba.  Cada día se reabren más restaurantes y bares y regresan más familias para recuperar su vida en la ciudad. Espero de verdad poder volver a sentarme en el Barrio Francés muy pronto a disfrutar de un dónut.

A la par de la reconstrucción de Nueva Orleáns, en las ciudades pequeñas de la costa del Golfo, los vecinos se ayudan unos a otros a quitar escombros y reconstruir sus casas. Cada vez se reabren más colegios, a medida que las familias regresan a la zona y la vida cotidiana vuelve a la normalidad. En Biloxi, se están reabriendo negocios que proporcionan empleo a miles de trabajadores; los equipos han quitado más de setecientos mil metros cúbicos de escombros y sus habitantes disfrutan ya de los servicios de una ciudad que funciona.

Este día de Acción de Gracias estoy especialmente agradecido por la reconstrucción de la costa del Golfo y el futuro prometedor de Nueva Orleáns. Con toda sinceridad, quisiera agradecer particularmente al Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, al Ministro de Defensa José Bono, al resto del gobierno español y a las diferentes comunidades y regiones la ayuda prestada. Mas aún que la ayuda material, agradezco muy especialmente el apoyo moral y humano que nos brindaron en esos momentos tan difíciles. Y con la gratitud y el respeto más profundo, hago extensivos el agradecimiento y el reconocimiento especiales al pueblo español, por sus muchas cartas, llamadas telefónicas y donaciones personales en solidaridad con el pueblo estadounidense. Su compasión y generosidad sinceras en un momento de gran necesidad han sido inmensamente valoradas.

Feliz día de Acción de Gracias a todos.

página del Embajador Aguirre ^



 


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