Discurso del Embajador Romero Con Motivo de su Despedida de Corral de Almaguer
American Embassy, Madrid, Spain
6/5/01
Versión en español
Buenos Días os dé Diós.
Excelentísimo y Reverendísimo Monseñor Obispo, Reverendo Señor Párroco, Reverendos Padres Concelebrantes, Ilustrísimo Señor Alcalde de Santa Fé de Granada, Señor Alcalde y autoridades de Corral de Almaguer, hermanos corraleños, amigos todos:
Este es un día muy emotivo para mi, para mi esposa Cayetana, y para toda mi familia. Como otras veces he dicho en Corral, mi regreso a estas tierras ha estado fraguándose durante más de cuatro siglos.
Quién hubiera previsto que, cuatrocientos años después de la salida de mis antepasados Bartolomé Romero y Lucía Robledo, camino de América, yo, su descendiente, hubiera encontrado el camino de vuelta. Ambos eran de estas tierras, Bartolomé de Corral, Lucía de Maqueda.
Estoy seguro de que Bartolomé y Lucía, y todos y cada uno de sus descendientes, deben estar sonriendo al mirar otra despedida de otro hijo de Corral, el segundo en irse a los Estados Unidos.
Esta sonrisa estará acompañada de lágrimas. De tristeza, pero también de orgullo, sabiendo que esa nueva vida que ellos fueron a establecer, la hicieron. Este viaje de ida y vuelta ha concluido. El ciclo está completo.
Ha sido un viaje largo, pero en mi corazón siento como si la familia Romero hubiera estado ausente de estas tierras manchegas sólo un tiempo breve. Esta sensación la comparte también mi esposa, porque la familia García también tiene sus raíces en esta España tan especial.
Ella y yo tuvimos la misma impresión la primera vez que vinimos a España, hace ya unos treinta y cinco años. Al aterrizar el avión, pensamos que habíamos vuelto a casa. Y esa sensación nunca nos ha abandonado.
Yo me siento parte de esta tierra manchega de Corral de Almaguer. Sobre todo hoy, después de haber tenido ese contacto tan especial con este pueblo tan acogedor.
Nosotros nunca hemos perdido nuestra identidad española. A lo largo de los siglos, hemos mantenido la fé católica, la lengua castellana, y las tradiciones que perduran en nuestro país hasta hoy en día.
Estamos muy orgullosos de ser norteamericanos. Y de prestar servicio a nuestro país. Estado Unidos es un gran país y nosotros tenemos lo mejor de ambos mundos: haber nacido en los Estados Unidos y ser españoles de herencia.
Casi al termino de mi misión en España, regreso al pueblo donde se encuentran mis raíces para despedirme como embajador. Ha sido una experiencia excepcional. Un regalo de Diós que me permitió servir a mi país desde el país de mis antepasados.
Quisiera hoy compartir con ustedes lo que ha sido realmente el objetivo de mi misión en España: Contribuir a que los norteamericanos entiendan mejor a España, y la quieran tanto como la quiero yo, y a la vez, a que los españoles comprendan y quieran más a mi país, Estados Unidos.
Queridos hermanos corraleños y queridos hermanos españoles, quiero darles las gracias por su acogida, por su cariño, por sus atenciones, y por hacerme sentir realmente en casa.
Nosotros, Cayetana y yo, mi hijo Esteban -- que se quedará en la leyenda -- mi nieto Adan -- la generación número diéz-y-séis de Romeros, estamos muy, muy agradecidos.
Hoy es un día muy especial en mi vida. Uno de esos dias que le hacen sentir a uno completamente lleno y satisfecho. Sé de donde vengo y sé lo que soy.
La semilla de Corral de Almaguer ha enraizado profundamente. Este es mi pueblo y ustedes son mi familia. Los queremos mucho.
Hay una canción española que dice:
"Aunque me voy -- no me voy
Aunque me voy -- no me ausento
Aunque me voy de palabra --
No me voy de sentimiento."
Como hijo de esta tierra, de mi parte, de la de Cayetana, de la de mi familia, les doy las gracias.
Gracias por ser parte de nuestras vidas.