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PALABRAS DEL FISCAL GENERAL DEL ESTADO DE EE.UU. ALBERTO GONZALES, EN LA CUMBRE INTERNACIONAL SOBRE DEMOCRACIA, TERRORISMO Y SEGURIDAD

Madrid, 10 de Marzo de 2005

Señor Presidente, distinguidos invitados y colegas: Es un gran honor estar hoy aquí con ustedes en esta ocasión tan solemne. Permítame, señor ministro, en nombre del presidente George Bush y del pueblo estadounidense, expresar una vez más nuestra más profunda solidaridad con las víctimas del 11 de marzo y sus familias.

Un año después, nos reunimos con la determinación de buscar los modos de trabajar juntos para impedir futuros onces de marzo y de septiembre. Sabemos, por supuesto, que la lucha contra el terrorismo ha sido y será larga.

Habrá decepciones y victorias, días de desesperación y días de triunfo. Pero nos sostendrá saber que ésta es una lucha noble. Trabajaremos con la íntima confianza de que nuestros esfuerzos no sólo protegen a nuestros pueblos, sino además hacen avanzar la causa de la libertad en el mundo.

En reuniones como ésta, líderes de todo el mundo tienen la oportunidad de ayudar a iluminar el camino que hay que recorrer. Las preguntas no podrían ser más importantes: ¿Cómo puede nuestro sistema multilateral abordar la amenaza terrorista?, ¿cómo podemos fomentar la tolerancia religiosa en lugar del terrorismo religioso?, ¿cómo vamos de la autodestrucción al autogobierno, de la violencia a la votación?

Estas preguntas no tienen respuestas fáciles, pero el debate democrático es uno de los puntos fuertes de nuestra causa: la causa de la libertad. El hecho de que esta Cumbre se esté celebrando con el respaldo de Su Majestad el Rey de España, que personalmente ha hecho tanto en favor de la democracia, tanto en España como en el resto del mundo, no es una casualidad.

Nos reunimos hoy ante una institución libre y democrática en una nación libre y democrática porque la respuesta al terrorismo se encontrará al extender la libertad y la democracia.  Para estar seguros, no podemos pasar por alto el duro trabajo de la aplicación de la ley; los esfuerzos diarios de la ley y el orden han contribuido ya en gran medida a frenar la amenaza terrorista.  Con ese fin, Estados Unidos se ha esforzado por trabajar de forma cada vez más estrecha con sus aliados en Europa y en otros lugares y, en particular, por reforzar los vínculos en materia de aplicación de la ley con la Unión Europea.

En esta batalla contra el terrorismo, estamos buscando formas de tomar la iniciativa. Y nos esforzamos por hacerlo de un modo consecuente con el estado de derecho, sabiendo que el modo en que luchamos refleja nuestro respeto compartido por los derechos y las libertades individuales, fundamentos últimos de las democracias duraderas.

Tal y como el presidente Bush afirmó esta semana en su declaración para rendir homenaje a las vidas que se perdieron en los atentados del 11 de marzo: “Compartimos una fe común en los valores de la libertad y la inviolabilidad de la vida. Continuaremos luchando contra el terror y haciendo avanzar la libertad para que el mundo sea más pacífico”.

Europa y Estados Unidos no habían trabajado nunca de forma tan estrecha en la aplicación de la ley como desde el 11 de septiembre de 2001. Hemos negociado tratados de extradición y de asistencia legal mutua sin precedentes; hemos acordado trabajar juntos a través de Europol y Eurojust, y con Interpol y el Consejo de Europa; y hemos entablado una constante cooperación bilateral con los Estados Miembros.

Pero igual que no podemos perder de vista la lucha diaria, no podemos olvidar el objetivo último. La lucha contra el terrorismo es, al final, una lucha de valores. Se ganará como se está haciendo: ganarán las naciones que conservan la libertad y la democracia, unidas para defender y proyectar estos valores. Permítanme, para terminar, recordar las elocuentes palabras del Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, tras los atentados del 11 de septiembre: “No permitiremos que triunfe el terrorismo. No permitiremos que el terrorismo divida al mundo, como quieren sus responsables. Les negaremos esta victoria”.

Aquellas palabras no eran menos ciertas tras los atentados del 11 de marzo. La libertad, y no el terror, triunfará.  No estaremos divididos. Y nosotros, no ellos, conoceremos la victoria.

Es un honor estar aquí con ustedes hoy. Mis condolencias, señor ministro, una vez más, por la pérdida sufrida por su nación. Gracias por su cooperación, su colaboración y su amistad en esta noble lucha.

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actualizada: 10/03/05


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