La historia de las relaciones en materia educativa
entre España y Estados Unidos dista mucho de ser exhaustiva y completa, ya que
ni persona ni institución alguna ha hecho el estudio correspondiente. Estudios
parciales que puedan haberse realizado se encuentran sin duda obsoletos dado
el crecimiento extraordinario que se ha producido en materia de intercambios
educativos entre los dos países durante los últimos veinticinco años y, muy
especialmente, desde la década de los ochenta.
Confío, sin embargo, en poder interesarles con el
relato de la historia y la situación presente de la institución que
represento, la Comisión de Intercambio Cultural, Educativo y Científico entre
España y los Estados Unidos de América, responsable de gestionar el Programa
Fulbright y sin duda una referencia clave en el intercambio cultural desde
hace más de cuarenta años.
Empezaré por situar los intercambios en su contexto
español, lo que por razones obvias me es más familiar y porque la presidenta
de APUNE, puede hablar con mayor conocimiento de causa de la participación y
la presencia americana en esta relación bilateral.
La historia de los intercambios educativos, como hoy
los entendemos, se inicia en España en 1907, con la creación de la Junta de
Ampliación de Estudios que permitiría la estancia en el extranjero para
realizar estudios de postgrado a jóvenes promesas de los que la mayoría
pasaron a formar parte de la historia intelectual de nuestro país. Entre
ellos, José Ortega y Gasset (1883-1955), quizá el pensador español del siglo
XX de mayor reconocimiento universal.
No deja de ser curioso que sea precisamente España la
primera nación europea que crea una institución como es la Junta de Ampliación
de Estudios para favorecer los intercambios universitarios. Es cierto que la
fecha se corresponde con el principio de lo que en España, hoy, llamamos la
Edad de Plata de las letras españolas, por analogía con la fecunda Edad de Oro
del barroco español. Y es durante ese período cuando se inaugura en Madrid el
Instituto de Física, financiado por la Rockefeller Foundation, que llevaba
promoviendo intercambios educativos desde los años 20 y cuando se funda - en
1933 - la Universidad de Verano en Santander para fomentar los intercambios y
la presencia de académicos en seminarios y estudios monográficos, que conserva
su vigencia en la actual Universidad Internacional Menéndez y Pelayo; ambas
iniciativas atrajeron a figuras muy interesantes de la cultura occidental,
cuyo máximo representante probablemente fuera Albert Einstein. Todo ello quedó
trágicamente truncado por la Guerra Civil de 1936 a 1939 y prácticamente
interrumpido hasta la muerte de Franco en 1975.
Los intercambios entre España y Estados Unidos nunca
habían sido especialmente fluidos y, aunque una imagen mitificada y romántica
de España se había puesto especialmente de moda entre artistas y literatos
norteamericanos durante el siglo XIX, la historia de las relaciones
diplomáticas entre los dos países es una historia de desencuentros, como quedó
patente en lo que aquí se llama la Guerra de Cuba y Vds. conocen como la
Spanish American War, que dejaría secuelas en las relaciones hasta bien
entrado el siglo XX. Al término de la II Guerra Mundial, España quedó aislada
y el flujo de intercambios intelectuales cortado.
Fue la llegada a la Presidencia de EE.UU. de Dwight D.
Eisenhower la que dió un vuelco a las relaciones entre los dos países con la
firma de los acuerdos económico-militares en 1953. La firma de los acuerdos
permitió que se normalizaran las relaciones entre los dos países y se
fomentaran, al menos desde España, las relaciones educativas: en 1956 se abrió
en Madrid la primera sede de una institución para el intercambio de
estudiantes de enseñanza secundaria, la American Field Service y en 1958 los
gobiernos de España y de Estados Unidos firmaron el Acuerdo en materia de
cooperación cultural y educativa por el que España participaba en el Programa
Fulbright patrocinado por el Congreso de Estados Unidos y creado por
iniciativa del Senador J. William Fulbright (1905-1995) en 1946.
En septiembre de 1959 el Presidente Eisenhower visitó
oficialmente España, convirtiéndose en el primer presidente de Estados Unidos
que lo hacía y en el primer jefe de estado de un país occidental que visitaba
la España de Franco.
"Cualquier forma de aislamiento que separara a las dos
naciones durante los años 40 y 50 se convirtió en historia durante los 60. Los
contactos se multiplicaron en las áreas comerciales, políticas, literarias,
académicas y militares. El Gobierno español lideró el proceso potenciando el
fortalecimiento de los lazos culturales como un medio para incrementar las
relaciones políticas y económicas." (Cortada, 249).
No puedo dejar de mencionar el papel que jugaba en el
desarrollo y promoción de las relaciones educativas y culturales entre los dos
países el Instituto de Cultura Hispánica, que se fundó en 1946 con el fin de
promocionar las relaciones educativas y culturales con los países
Iberoamericanos, pero en cuyo seno se creó, aunque más tarde, una dirección
para Norteamérica que tuvo su importancia en la promoción de las relaciones
culturales y educativas entre los dos países. De hecho, en 1968 ya había
subvencionado más de siete mil viajes entre España y Estados Unidos. Gracias a
estas subvenciones, profesores españoles visitaban universidades
norteamericanas para asistir a congresos o consultar fondos en las
bibliotecas, pero sobre todo se consiguió que 1.500 estudiantes y profesores
norteamericanos recibieran clases en el Instituto y se beneficiaran de su
patrocinio en un momento en el que prácticamente eran los únicos recursos
disponibles para venir a España.
El intercambio educativo alcanzó una nueva dimensión
con el lanzamiento del Programa Fulbright en 1946. El Senador J. William
Fulbright, del Estado de Arkansas, era un recién llegado al Senado de Estados
Unidos en 1946, un “freshman” como se llama en el lenguaje del Congreso de
EE.UU., pero tenía ya, naturalmente, la ambición y la visión que le
convertirían en uno de los legisladores mas influyentes y carismáticos de su
época y se empeñó y consiguió la aprobación en el Congreso del “Act” que dió
origen al Programa que lleva su nombre, enseña de los programas de intercambio
que apoyan el Congreso y el gobierno de los EE. UU. y que, como he venido
contando, ha sido y es tan importante en las relaciones educativas entre EE.UU
y España.
En la práctica, el Programa comenzó en 1948 cuando
estudiantes de China, Birmania y Filipinas viajaron a Estados Unidos, y 47
americanos se trasladaron al extranjero. Los intercambios con la mayoría de
los países europeos comenzaron inmediatamente después, pero habría que esperar
una década para que se iniciaran con España.
El Programa Fulbright inició su andadura en España en
un momento muy oportuno. La administración binacional del Programa garantizaba
a los candidatos españoles una selección imparcial y ajena a los vaivenes
políticos y a los becarios americanos la necesaria protección para moverse con
libertad entre los laberintos de archivos y bibliotecas de todo el país.
La Junta de la Comisión, tanto entonces como hoy en
día, está formada por altos representantes diplomáticos de la Embajada de
Estados Unidos y otros norteamericanos residentes en España que nombra el
Embajador de EE.UU. en España y por altos funcionarios españoles, coordinados
por el Ministerio de Asuntos Exteriores y a los que nombra el Ministro de
Asuntos Exteriores. La Comisión ha tenido desde su inicio un carácter
independiente y un funcionamiento autónomo.
Los primeros españoles en participar en el Programa
volvieron a España con un cargamento de nuevas ideas, metodología y
conocimiento y con la experiencia inolvidable de haber conocido una sociedad
étnicamente muy diversa y con unas universidades y unos medios impresionantes.
Estos españoles que fueron durante los primeros diez años mostraban una clara
inclinación hacia las ciencias físicas y sociales antes que hacia otras
disciplinas académicas.
Los primeros americanos, que fueron llegando a España
a partir de 1960, encontraron un país pobre y sin libertad política que les
fascinaba por su paisaje y su paisanaje y cuyas tradiciones culturales e
historia reciente invitaban al estudio y a la reflexión. Este primer
contingente de becarios norteamericanos se ha convertido en referencia
obligada para quien quiera estudiar la realidad española de la primera mitad
del siglo XX. Permítanme nombrar a dos de ellos: al profesor Gabriel Jackson,
autor entre otros libros de “The Spanish Republic and Civil War” (1976), vocal
de la Comisión, y al también profesor Edward Malefakis, autor de “Agrarian
Reform and Peasant Revolution in Spain” (1970).
Durante la administración Kennedy el programa
Fulbright llegó a un nivel de financiación importante que no volvería a
repetirse hasta la llegada al poder del Presidente Carter. Entre ambas
Administraciones, EE.UU. se encontró envuelto en su propio drama de la guerra
de Vietnam, y la financiación para intercambios educativos internacionales
pasó a ser secundaria en el presupuesto norteamericano.
Mientras, en España el interés por enviar a los
jóvenes prometedores a ampliar estudios o a investigar seguía creciendo y, por
ello, durante la década de los 70 España se convirtió en uno de los primeros
países en contar con financiación privada para las becas Fulbright y el
gobierno español en uno de los primeros en asegurar que el presupuesto para
las becas seguía aumentando.
Así, en 1976 se firmaba el Tratado de Amistad, Defensa
y Cooperación entre España y Estados Unidos, el primero de una serie de tres
que son comúnmente conocidos como los Tratados de las Bases y que canalizaron
importantes sumas de dinero para, por un lado, la cooperación científica y
tecnológica y, por otro, la cooperación cultural y educativa. Ambos
presupuestos eran administrados “al estilo Fulbright”, es decir, por comités
conjuntos binacionales cuyo director ejecutivo era mi predecesor. Así se
conseguía un apoyo extraordinario al Programa Fulbright, y se aumentaba la
posibilidad de formación de científicos españoles, la cooperación de españoles
y norteamericanos en proyectos de interés mutuo, los intercambios
universitarios de corta duración y otras actividades de carácter cultural no
menos significativas en el desarrollo de las relaciones entre los dos países.
A finales de los setenta, muchos catedráticos de
universidad y no pocos rectores habían estudiado en los EE.UU. con una Beca
Fulbright o de los comités conjuntos que ésta administraba y que se nutrían
con dinero de los mencionados Tratados de las Bases.
España, además, disfrutaba de un “boom” económico que
le permitió iniciar una apertura política y, en lo que ahora nos interesa,
invertir en la formación de su clase dirigente. A comienzos de los 80, un
banco catalán y otro vasco seleccionaron el programa Fulbright como el
vehículo perfecto para mejorar su imagen, por lo que pasaron a patrocinar un
número extraordinariamente elevado de becas durante los siguientes años.
En la misma época España experimentó un dramático
proceso de reformas políticas, pasando de la dictadura del General Franco a
una democracia parlamentaria con una monarquía constitucional. Algunas
personas argumentan que los cambios habían comenzado antes de la muerte de
Franco, y se había recorrido ya un buen trecho del proceso de cambio cuando
llegó la democracia.
La transición política que oficialmente empieza en
1975, “quema” una generación de españoles que se ha formado fundamentalmente
en España. El partido socialista español que llega al poder en los ochenta
cuenta ya con importantes miembros en sus filas que han sido becarios
Fulbright, uno de ellos, que fue ministro tres veces durante el período
socialista, Javier Solana, es conocido mas allá de nuestras fronteras por
haber llegado a ser Secretario General de la OTAN y actualmente Jefe de
Política Exterior de la Unión Europea.
El partido actual en el poder, que se define como de
centro derecha, cuenta también con importantes miembros de la Administración
que han sido becarios Fulbright, entre otros la Ministra de Educación, Pilar
del Castillo, que al igual que su predecesor socialista en los ochenta, ha
iniciado el cambio en profundidad de nuestro sistema universitario.
A mi entender, la clave de muchos de los cambios que
se dieron durante la transición política española y, sobre todo, cómo fueron
éstos, pueden tener bastante que ver con el hecho de que un buen número de los
miembros de la nueva clase política que protagonizaba la transición se había
formado en los Estados Unidos.
Me encuentro entre los que creen que algunos de los
cambios que se han operado en España en los últimos treinta años se deben al
empeño de los que se formaron en Estados Unidos, la mayoría de ellos con una
beca Fulbright, una de las más prestigiosas becas de intercambio de las que se
conceden en el mundo y de las que mayor influencia tienen y han tenido en la
formación de líderes mundiales.
La Comisión ha gestionado mas de 5.000 becas en menos
de 45 años, de las que más de 3.500 han sido para nacionales de España y más
de 1.500 para americanos, la mayoría de ellos licenciados preparando su
doctorado, si bien un buen número de profesores e investigadores senior
consiguen becas Fulbright todos los años.
La Comisión actual existe por el Acuerdo en materia de
Cooperación Educativa, Cultural y Científica firmado en 1.994 entre los dos
países, y que crea la actual Comisión.
El Acuerdo establece un programa troncal financiado a
partes iguales por los dos gobiernos, y programas complementarios financiados
por separado y que pueden ser de interés especial para una de las Partes. La
Comisión, que es soberana, puede determinar cuáles sean sus programas
prioritarios o la creación de aquéllos nuevos que se considere oportunos,
siempre y cuando respeten el espíritu del Acuerdo y, sobre todo, sirvan para
el propósito fundamental de ayudar a profundizar en el conocimiento de las dos
sociedades, acercando a los ciudadanos de los países a través de experiencias
educativas comunes que respeten las diferencias legítimas.
La Comisión concede un centenar de becas anuales para
españoles que quieran ampliar estudios en los EE.UU. y una media de sesenta
para estadounidenses que lo vayan a hacer en España. Las becas tienen una
dotación generosa, aunque las destinadas a los españoles no está previsto que
superen los 45.000 dólares al año por becario y el presupuesto anual de la
Comisión es de casi 5 millones de dólares, siendo nuestro mayor patrocinador
el Ministerio de Educación, seguido del Departamento de Estado y del
Ministerio de Asuntos Exteriores. Durante los últimos años el patrocinio
privado ha representado el 20% del presupuesto anual y el 85% de éste se ha
destinado a becas y a ayudas directamente. La Comisión invierte también un
pequeño porcentaje en un servicio único de asesoría académica.
La Comisión cuenta, además, con un importante
intangible de colaboraciones anónimas y generosas de instituciones y personas;
de éstas, hay que destacar a los vocales de la Comisión que participan de
manera eficaz y activa en el desarrollo de la misma y a centenares de
exbecarios que dedican muchas horas a pre-selección, selección y consultoría
general. Entre las instituciones, hay que señalar de manera muy especial en
España a la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP) del Ministerio
de Ciencia y Tecnologia, y en EE.UU. al Council for International Exchange
Scholars (CIES) y al Institute of International Education (IIE), además de
cientos de universidades en los dos países, especialmente en EE.UU., que hacen
posible la existencia de este Programa de Becas desde hace tantos años.
Durante los últimos años, varias instituciones
públicas y privadas han desarrollado programas de becas para ampliación de
estudios en Estados Unidos; de nuevo, es el Ministerio de Educación quién
concede el mayor número de ayudas, especialmente para investigación
postdoctoral, pero hay algunas Fundaciones como la Ramón Areces, creada en
honor del fundador de El Corte Inglés – el mayor gran almacén de España (ambas
instituciones son patrocinadores de la Comisión)-, y la Barrié de la Maza, en
Galicia, que dedican una parte de su presupuesto anual a becas de ampliación
de estudios en EE.UU. La Caixa de Barcelona, -una institución de ahorro- y
otros bancos ofrecen becas para estudiar en el extranjero; entre éstos, el
Banco Santander Central Hispano, el mayor de España, es también un fuerte
benefactor de la Comisión.
Además, otras instituciones han creado lazos
permanentes con universidades de EE.UU. Así, dos patrocinadores del sector
privado han establecido cátedras en la Universidad de Nuevo México. A
su vez, la Universidad Complutense de Madrid mantiene un centro permanente en
la Universidad de Harvard y la Universidad de Nueva York ha inaugurado el
Centro Juan Carlos I. Todas estas iniciativas corroboran el hecho de que las
relaciones educativas entre ambos países atraviesan un momento activo y
saludable.
Quiero concluir esta intervención enfatizando que,
desde hace muchos años hasta la actualidad, el Programa Fulbright se ha
situado en el centro de la cooperación cultural y educativa entre España y
Estados Unidos. Conforme entramos en el nuevo milenio, surgen nuevas
instituciones -públicas y privadas- que desarrollan una actividad similar a la
nuestra, y en ocasiones me pregunto si no estaremos duplicando esfuerzos.
Pero, como ya previó el Senador Fulbright, el intercambio educativo es crucial
para el entendimiento entre las naciones y por lo tanto crucial también para
la paz. Estoy convencida de que nunca podrá haber un exceso de intercambio
educativo, si bien considero que el modelo Fulbright es una garantía segura de
éxito.
Artículo
escrito por la Comisión Fulbright España-EE.UU. en Octubre 2001